El producto Panacea

Por Hans Pieringer el 26.12.2011 en Columna de Opinión, PHT
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Si pudiéramos analizar un emprendimiento biotecnológico como un diagrama de flujo, identificaríamos en ella una serie de procesos o pasos que permiten generar una solución, producto o servicio.

En dicho diagrama podemos nombrar, como primer paso, la búsqueda e identificación de una reacción, proceso, estructura o componente que permita aparentemente responder a una necesidad o problemática relacionada a un quehacer humano. El segundo paso se orienta principalmente a estructurar una serie de experimentos científicos que permitan demostrar la funcionalidad de esta potencial solución, a modo de investigación y prototipo, así como también lograr evaluar y cuantificar los beneficios y perjuicios de la herramienta a desarrollar. El tercer paso se basa en definir la función y características que el producto tendrá, entre ellas se incluye el formato, envase, variantes, concentraciones, rendimiento, vida útil, entre otros, por lo tanto, en este punto se establecen las necesidades a las que responderá el producto desarrollado. El cuarto paso consiste en establecer una serie de procesos que permitan la producción a gran escala del producto ya definido, esto permite interpretar la magnitud del trabajo y costos que conlleva la elaboración del producto en cuestión. El quinto, y último paso, consiste en establecer el mercado objetivo que responde a esta solución, en donde también se hace necesario poder identificarlo, cuantificarlo y proyectar ventas a lo largo del tiempo, estableciendo así una rentabilidad esperada y expectativas económicas ligadas a la ejecución del proyecto.

Dentro del diagrama de flujo creativo ya descrito, la separación que existe entre cada uno de esos pasos es bastante difusa, mas bien podríamos decir que están en extremo interconectadas, encontrando que cada variación en un punto de evaluación provoca severas modificaciones en las observaciones del paso siguiente. Es por ello, que la toma decisiones que definen los argumentos y especificaciones del producto o servicio final son críticas para la evaluación.

En definitiva, este ejercicio permite evaluar si el desarrollo de un producto o servicio, en el sentido mas amplio de la palabra, merece el titánico esfuerzo de emprenderlo, y es en esta misma linea que llegamos al “Producto Panacea”.

Muchas veces, para que la solución que se pretende desarrollar se considere “atractiva” frente a comisiones evaluadoras o inversionistas, el proyecto debe ser: Innovador, patentable, económicamente atractivo, “simpático”, con un bajo costo de inversión (proporcional al impacto del proyecto) y, por si fuera poco, ser un gran disruptor tecnológico (tecnología capaz de desplazar las herramientas utilizadas en ese momento para solucionar una problemática o necesidad), lo que nosotros llamamos un “Producto Panacea”. Estos anhelos o exigencias, promovidos por los “evaluadores del proyecto”, generan una gran incertidumbre en el desarrollador, debido a que es muy probable que este no pueda responder a todos los aspectos que se necesitan para que su trabajo sea considerado un buen o excelente proyecto, provocando que el equipo de desarrollo sienta la obligación de obtener resultados que incluso pueden ir por sobre las limitaciones naturales de la tecnología.

El aplicar este tipo de sobreexigencias en tecnologías novedosas no solo significa una gran perdida de tiempo y recursos en el desarrollo de productos, si no que también significa cegar al desarrollador de otro tipo de opciones y aplicaciones de la tecnología en la cual trabaja, las que eventualmente podrían llegar a generar un producto tanto o mas rentable que el modelado de acuerdo a las bondades exigidas por sus evaluadores.

Es así que nuestro equipo ve en el desarrollo de tecnologías una enorme opción de proponer nuevas formas de generar productos, en los que los esfuerzos de desarrollo están centrados en el entendimiento por excelencia de los atributos del producto, para luego definir la mejor forma de aplicación de dicha tecnología, sin importar que estas decisiones disminuyan el atractivo o ambiciones del “evaluador”. A pesar de sonar contraproducente, la relación que se obtiene con el evaluador o inversionista del proyecto es sobre bases tangibles y sin sobreexpectativas, traduciendose en suelo fértil para las buenas noticias, pasos importantes y buen trabajo, conviertiendo cada logro y meta alcanzada en situaciones de enorme gratificación para el equipo de trabajo y en movimientos del proyecto o empresa. De esta forma, los costos y esfuerzos de desarrollo disminuyen significativamente, permitiendo aumentar la productividad relacionada a la creatividad, ideas novedosas y una enorme plasticidad del equipo de desarrollo.