La Tercera: “Emprendedores de la semana: Alimentos seguros para todos”

Por Diego Belmar el 19.05.2014 en En la Prensa, Milkeeper
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La Tercera

Las cosas no siempre salen como se piensa. Diego Belmar se ríe cuando lo cuenta. Con dos compañeros de universidad tomaron un proyecto que esbozaron para un ramo de cuarto año y lo perfeccionaron hasta convertirlo en empresa: Phage Technologies.

Vía | Marcela Corvalán en La Tercera el 19 de Mayo de 2014.

Phage Technologies es una firma de biotecnología que, en pocas palabras, desarrolló una tecnología para eliminar bacterias en los alimentos con el uso de bacteriófagos. Pero el primer producto que lanzaron, Safer, un aditivo que eliminaba patógenos en las verduras, no tuvo eco en el mercado. “Ahí nos dimos cuenta de que no habíamos entendido al mercado, no habíamos entendido la necesidad del cliente”, dice Diego.

“Afortunadamente, el Fondo de Innovación Agraria nos tomó como ejemplo de que sí se puede hacer innovación en alimentos y nos llevó a charlas y seminarios por todo el país”, relata.

En uno de esos eventos, en Puerto Varas, un veterinario les contó que era frecuente que los terneros sufrieran infecciones estomacales por E. Coli en sus primeras semanas de vida y quedaran con secuelas permanentes, ya que uno de sus estómagos no se desarrolla de forma adecuada. “Era una necesidad que no conocíamos y que se presentó como una oportunidad”, dice.

Así que volvieron al laboratorio y en ocho meses dieron forma a Milkeeper, un aditivo en polvo que se echa a la leche de los terneros, y evita que la E. Coli los enferme. Y eso sí prendió, a tal punto que en 2013 recibieron el premio a la pyme innovadora de Corfo y hoy piensan en exportar. En el mediano y largo plazo, Brasil y Estados Unidos están en el radar.

¿Cuál es el impacto de Milkeeper? Si uno considera el ternero pequeño, de menos de 10 días, el animal vale unos $ 25 mil pesos. Pero lo que se busca es venderlo adulto, gordo. Y ahí puede llegar a unos $ 500 mil. Hay predios donde la tasa de mortalidad de terneros de pocos días llega a 20%, perjuicio al que se suma el gasto en medicamentos y cuidados especiales para los animales.

Diego cuenta que han debido superar varios escollos en el camino. El financiamiento fue el primero. “Vendimos nuestros televisores y PlayStations para empezar”, recuerda. El apoyo de familia y amigos resultó fundamental. También fue clave la participación de Pablo Valenzuela, Premio Nacional de Ciencias en 2002. “Le presentamos la idea original y puso reparos, así que incorporamos sus comentarios y volvimos. Ahí sí le gustó y nos pasó un laboratorio” en la Fundación Ciencia para la Vida.

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El apoyo del Estado no funcionó de la mejor manera. La burocracia y múltiples intermediarios funcionaron como barreras más que como ayudas. Participaron en tres incubadoras, que no cumplieron sus expectativas. La última funcionó un poco mejor, pero se diluyó. “Lo curioso es que seis meses después nos llamaron para decirnos que antes de cerrar nos habían postulado a un capital semilla de Corfo y lo habíamos ganado”, narra. “Fue curioso, porque lo que habíamos planteado en el proyecto con ellos tuvimos que hacerlo solos”.

Después llegaron a StartUp Chile, de donde destacan la red de contacto lograda. Además, este año recibieron una inyección de capital de US$ 1,5 millones de un family office.

Y aunque no fue un éxito, Safer no ha sido descartado. En el futuro, esperan seguir desarrollando soluciones para la industria de alimentos, siempre orientadas a la generación de controladores biológicos basados en bacteriófagos. “Nuestra premisa es que donde hay un problema de bacterias, tenemos una solución. Y con un alcance global, queremos que nuestras soluciones lleguen a todo el mundo”.

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Chief Operating Officer (COO)